El suicidio de los religiosos y las religiosas en España

(intereconomia.com) En una semana nos hemos encontrado con la noticia de que los franciscanos se van de Alicante, los claretianos de Tarragona y los jesuitas de León. Parece que las Vedrunas también abandonan Toledo que acababan de dejarlo los jesuitas.  Que asimismo habían dejado Cádiz y Montilla. Y los dominicos Málaga. Y éste es un recuento a vuelatecla pues seguro que los casos son muchos más.

Lo que unos veníamos anunciando desde hace tiempo y otros hacían ímprobos esfuerzos por ocultarlo   les está explotando entre las manos como una traca valenciana.  Muchos años sin vocaciones tenían que conducir necesariamente a esto. Unas órdenes y congregaciones cada vez más envejecidas y con una caída en picado de sus efectivos no podían mantener  las obras que durante tantos años fueron modelos de piedad, caridad y educación. El viento del posconcilio se está llevando una labor en ocasiones de siglos y otras de muchos años de servicio a la Iglesia y también a España. Y de benemérito servicio hasta que…

¿El humo de Satanás? Piensen ustedes lo que quieran pero si no fue el de él como si lo hubiera sido. Porque no podía apetecer mejor resultado. Y lo peor del caso es que no tuvo que esforzarse nada porque se lo dieron hecho. Ha sido un suicidio colectivo que todavía no ha terminado. Se van a abandonar muchos más conventos, iglesias, colegios, asilos, centros de atención hospitalaria, pisos de acogida…

El efecto en los próximos años va a ser devastador. No hay personal y no hay relevo. Llevamos años y años en los que órdenes y congregaciones religiosas sólo han visto la constante disminución de sus miembros. En no pocas pronto serán más los inútiles para cualquier trabajo que los que todavía pueden hacer algo. Y además han cerrado sus caladeros. Porque donde no están nadie sabe de ellos. Los colegios eran antaño un vivero de vocaciones. Jóvenes de ambos sexos conocían a personas entregadas a Dios, con notable atractivo personal muchos de ellos, felices en su estado y no pocos querían ser como ellos. Hoy hay bastantes colegios religiosos cuyos estudiantes no ven nunca a un religioso o a una religiosa. Porque no los hay. O si queda alguno es una persona mayor, que viste como el resto de los profesores seglares y que no puede tener un contacto personal con los alumnos. Que además no sienten la menor simpatía por ellos o por sus vidas. Para ser así, ni loco me meto fraile o monja.

Los vendavales suelen derribar sobre todo a los árboles enfermos cuyas raíces, dañadas, ni son profundas ni tienen fuerza. Y eso es lo que está pasando. Porque hay vocaciones a la vida religiosa. Pero ahora son selectivas. Y buscan eso: vida religiosa. No una convivencia con solterones mayores. Para eso se quedan mejor en su casa.

No se ve, en España al menos, ninguna intención de corregir lo que ha llevado a tal desastre. Que tampoco se reconoce aunque ya sea imposible de ocultar. Una empresa con esos resultados habría despedido ya a todos los responsables de la catástrofe. Aquí hasta se pretende beatificarlos. La maravilla de los Arrupe, Maccise, Radcliff, Nicolás… Eran geniales. Nadie interpretaba como ellos los signos de los tiempos. Ese era el futuro de la Iglesia. Pues ya se ve el futuro que prepararon. Un cementerio. En el que muchos ya están enterrados y al resto les están cavando la tumba.

Dicen que sarna con gusto no pica. Es un refrán falso. Vaya si pica. Lo que ocurre es que su orgullo les impide reconocerlo y disimulan el picor. No hay más que ver el rebote que se toman cuando se cuenta su pavorosa realidad. Aunque algún brote de humildad, si bien nacida a palos, parece apuntar. Hemos dejado de oír aquella estúpida cantinela, más falsa que Judas, de que más valía ser pocos y buenos que muchos y malos. Porque antes eran muchos y buenos y hoy son pocos y además malos.
Estamos ante la crónica de una muerte anunciada.  No será porque muchos no se lo hubieran dicho. Incluso desde sus mismos institutos.

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