“Vaticano II. Un debate abierto” libro de Don Jean-Michel Gleize - Corrispondenza romana
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“Vaticano II. Un debate abierto” libro de Don Jean-Michel Gleize

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Vaticano-II(tradiciondigital.es) Ignorar los problemas no significa resolverlos; removerlos es darles la oportunidad de hacer su trabajo corrosivo y destructivo. El Concilio Vaticano II es un problema, cuya solución sigue siendo postergada, mientras que la secularización ha encontrado un terreno cada vez más fértil en cualquier entorno, tanto secular como eclesiástico.

Explica un ensayo claro y sólido ensayo del padre Jean-Michel Gleize, El Concilio Vaticano II. Un debate abierto. Cuestiones en disputa en el vigésimo primer concilio ecuménico (Ichthys Publishing, 2013, 225 pp, 20,00€). El autor, que desde 2009 hasta 2011 participó en las discusiones doctrinales con la Santa Sede solicitadas a la Hermandad de San Pío X por Benedicto XVI, en su estudio aborda tres temas principales y su correlación indivisible: la Tradición, el Magisterio, la Fe. La segunda parte está estructurada en forma de once quaestiones disputatae, de acuerdo con la metodología clásica de la Escolástica. Cada cuestión consta, a su vez de tres partes: la lista de las objeciones, el principio básico de la respuesta, y las respuestas a las objeciones.

Textos como Lumen gentium, donde se presenta a la Iglesia como “pueblo de Dios “, Nostra Aetate sobre las religiones no cristianas, Unitatis Redintegratio, sobre el ecumenismo y Dignitatis Humanae sobre la “libertad religiosa” «conducen con eficacia y razón a preguntarse, como dice el cardenal Ratzinger, “Si la Iglesia de hoy es realmente lo mismo que ayer, o si ha cambiado a otra cosa sin decírselo a la gente”» (p. 7). A todos son evidentes los grandes cambios (usos y costumbres) que se produjeron en la Iglesia, incluso cambios en la transmisión de la misma doctrina siempre enseñada por la Esposa de Cristo, que está al servicio de la verdad y es, por lo tanto, responsable de la salvación de cada uno y de la gente hacia la cual está obligada a ser misionera, como el Salvador enseñó a los apóstoles (Mc 16, 15-18).

Entre los XXI concilios de la historia de la Iglesia, solamente el último, el Vaticano no es dogmático, sino pastoral, y sólo el último se llevó a cabo no para resolver cuestiones candentes, sino para relacionarse familiarmente con el mundo “moderno” de la época, un mundo convertido hoy en “posmoderno” y en traumática crisis religiosa, ética, social, política y económica. «El Concilio de Nicea puso fin a un desorden que ya se había introducido previamente en la Iglesia, y la herejía arriana retrocedió gradualmente hasta desaparecer gracias a la aplicación de las enseñanzas de ese Concilio. Después del Concilio Vaticano II, sin embargo, uno se ve obligado a admitir que las cosas no fueron así: que el trastorno se ha introducido en la Iglesia desde el Concilio es un hecho reconocido por todos. A una distancia de cincuenta años después, el desorden se ha convertido en endémico y se ha normalizado. ¿La causa que descubrir en el conflicto son únicamente dos hermenéuticas contrarias?» (p. 6).


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Fue el propio Benedicto XVI, en el discurso ya histórico a la Curia Romana del 22 de diciembre 2005, quien comparó los 50 años del post-Concilio con el período posterior al Concilio de Nicea (325), citando las palabras de San Basilio el Grande (329-379): «Los gritos estridentes de aquellos que por la discordia se alzan unos contra otros, las charlas incomprensibles, el ruido confuso de los gritos ininterrumpidos ha llenado ya casi toda la Iglesia, falsificando por exceso o por defecto la recta doctrina de la fe»(p. 5).

En el trono de San Pedro, el Papa ha cambiado, pero los problemas siguen siendo los mismos. Será la Divina Providencia, con los hombres de buena voluntad, la que disuelva los terribles nudos, puesto que «sabe siempre e infaliblemente escribir derecho sobre las líneas torcidas de las intervenciones humanas en la obra de la redención» (p. 4).


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