Un panfleto LGBT contra la Iglesia - Corrispondenza romana
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Un panfleto LGBT contra la Iglesia

(Roberto de Mattei, Adelante la Fe – 13 febrero 2019) Un panfleto LGBT contra la Iglesia. Se titula Sodoma, y su autor es Frédéric Martel, destacado activista LGBT francés. El libro, no obstante, nació en Italia durante una conversación entre el autor y el editor Carlo Feltrinelli, hijo de Gian Giacomo, el editor terrorista que murió el 14 de marzo de 1972 mientras ponía una bomba en una torre de alta tensión en la localidad de Segrate. Sodoma será presentado en los próximos días en ocho lenguas y veinte países. El lanzamiento oficial tendrá lugar el 21 de febrero, coincidiendo con la cumbre vaticana sobre los abusos sexuales contra menores. Se trata, por tanto, de una operación mediática de envergadura dirigida contra la Iglesia Católica. El autor, Frédéric Martel, calificado por la prensa de forma diferente en cada ocasión (sociólogo, investigador, historiador…), ha alcanzado cierta notoriedad por su ensayo, Global gay (publicado en Italia por Feltrinelli), sobre el actual avance triunfal del movimiento gay en todo el mundo, y ya traducido a varias lenguas.

Martel participa directamente en numerosas organizaciones activistas dedicadas a la difusión del programa LGBT, y desde hace años está a la vanguardia del proceso de promoción y normalización de la homosexualidad. La militancia LGBT del autor de Sodoma lo ha convertido en uno de los principales promotores de la ley 99-944 del 15 de noviembre de 1999 (sobre el pacto civil de solidaridad y concubinato), que introdujo en Francia las uniones civiles. En los años sucesivos, el activista LGBT siguió contribuyendo a la causa homosexualista con la publicación de numerosos artículos a favor de la introducción del pseudomatrimonio homosexual en el país galo, hasta su total legalización, que tuvo lugar el 18 de mayo de 2013.

En esta ocasión Martel se ocupa de la sodomía en la Iglesia, y afirma haber realizado una investigación en el terreno durante cuatro años entrevistando a unas 1500 personas en el Vaticano y en varios países más. En realidad, lo que más brilla por su ausencia en el libro es documentación. Después de leerlo, no sabemos nada que no se supiese ya de hasta qué punto está difundida la homosexualidad en la Iglesia. Este gravísimo problema, revelado por el testimonio del arzobispo Carlo Maria Viganò, ha sido analizado científica y documentadamente por dos estudiosos polacos, Dario Oko y el P. Andrzej Kobyliński, autores de estudios despreciados por la prensa internacional. Martel no busca la verdad; lo que se propone es demostrar una tesis ideológica, pero en sus páginas no demuestra, sino que sugiere, insinúa, calumnia y denigra.

Monseñor Battista Ricca, calificado por Sandro Magister de prelado del lobby gay, le abre las puertas del Vaticano: «Me indica minuciosamente cómo puedo pasar el control de los  carabineros, y luego de la Guardia Suiza. Me cruzaré con frecuencia con este prelado de ojos vidriosos, francotirador cercano a Francisco que ha conocido la gloria y la caída en desgracia. Será a él a quien deba, como veremos, haberme podido instalar en una de las residencias vaticanas». El autor cuenta que pasaba una semana al mes en Roma, «alojándome asiduamente al interior del Vaticano gracias a la hospitalidad de altos prelados que a veces se mostraban como del gremio. Unos cuarenta cardenales y cientos de obispos, monseñores, sacerdotes y nuncios aceptaron encontrarse conmigo. Entre ellos, homosexuales reconocidos, presentes cada día en el Vaticano, que me han ayudado a entrar en su mundo de iniciados».

Entre sus informantes se encuentra el P. Antonio Spadaro, «jesuita que está considerado una de las eminencias grises del Papa, con el cual he conversado habitualmente en la sede de La Civiltà Cattolica, de la cual es director». Fue él quien le explicó que «el cardenal Burke encabeza la oposición al Papa». El cardenal Raymond Leo Burke, al que Martel dedica un capítulo de su libro, es lógicamente uno de los blancos de sus ataques. ¿Y qué delito ha cometido? Condenar de manera categórica la homosexualidad. La tesis de Martel es que tras cada homófobo se oculta en realidad un homosexual. Pero como no se puede demostrar nada de eso con respecto al cardenal norteamericano, el activista francés se contenta con hacer una descripción detallada y caricaturesca del apartamento cardenalicio, que es lo más normal que pueda haber. «Con su atuendo y su insólita pinta, el cardenal –escribe Martel– evoca inevitablemente un travestido». Con todo, admite Martel, «es de los poquísimos que se atreven a expresar sus opiniones», junto con monseñor Viganò, el cual le parece «un testigo de confianza, y su carta, irrebatible; de todos modos –añade–, yo diría que el gesto de Viganò es más irracional y aislado de lo que se cree: ha actuado a la desesperada, es una venganza personal, fruto para empezar de una profunda herida interna».

¿De qué son culpables los clérigos homosexuales? No de haber infringido la ley moral, sino de ser hipócritas y no haber dado testimonio público de su vicio. «Que conste que para mí un sacerdote o un cardenal no debe tener vergüenza alguna de ser homosexual; creo incluso que debería ser un condición social posible entre las demás». Que los eclesiásticos deberían decir: «somos homosexuales, y a mucha honra»; y por su parte, la Iglesia debería decir: «Me he equivocado al condenar la homosexualidad».

Este es el motivo por el que Martel apoya la reforma del papa Francisco: «La dimisión de Benedicto XVI y la voluntad reformista de Francisco contribuyen a la libertad de expresión (…) Este papa sudamericano ha sido el primero en emplear la palabra gay, no sólo la palabra homosexual, y, en comparación con sus predecesores, se lo puede considerar el más favorable de los pontífices modernos al movimiento gay. Ha dicho palabras mágicas y a la vez astutas sobre la homosexualidad: “¿Quién soy yo para juzgar?” Y cabe la posibilidad de que este papa carezca probablemente de las tendencias e inclinaciones atribuidas a cuatro de sus predecesores recientes. Sin embargo, Francisco, precisamente por su actitud liberal hacia cuestiones de moral sexual, es objeto de una rabiosa campaña por parte de cardenales conservadores bastante homófobos –y, en su mayor parte, homófilos en secreto–. (…) Lo que saca de quicio a Francisco no es tanto esa homofilia tan extendida sino la tremenda hipocresía de quienes defienden una moral estrecha mientras que tienen amantes, aventuras y a veces, chicas de compañía. Por eso fustiga sin cesar a los fariseos, los meapilas falsarios, los santurrones. Francisco ha denunciado muchas veces esa doblez, esa esquizofrenia, en sus homilias matutinas en Santa Marta. Su fórmula merece un lugar de honor en este libro: “Detrás la rigidez siempre hay algo escondido, en muchos casos una doble vida”».

Al igual que el papa Francisco, Martel está convencido de que detrás de cada homófobo se esconde un homófilo, un hombre atraído u obsesionado por la homosexualidad, la ejerza o no. «Se puede incluso decir que hay una regla no escrita que se cumple casi siempre en Sodoma: cuanto más homófobo es un prelado, más probabilidades hay de que sea homosexual (…)  Cuanto más arremete un obispo contra los gays, cuanto mayor es su obsesión homófoba, más probabilidades hay de que sea hipócrita y de que su obsesión oculte algo».

¿Cuál es el objeto del libro? Derribar la Bastilla de la moral católica. «Cincuenta años después de los disturbios de Stonewall, origen de la revolución gay en EE.UU., ¡el Vaticano es el último bastión a abatir! Son muchos los católicos que ya intuyen la mentira sin haber leído todavía la descripción que se hace en Sodoma».

Las medidas que propone son: apoyar y fomentar la reforma bergogliana, descalificar a los eclesiásticos fieles a la Tradición e impedir que en la Iglesia se hable del azote de la homosexualidad, sobre todo en la inminente cumbre. Hay que señalar no obstante que el apoyo del movimiento LGTB al papa Francisco no lo ayudará desde luego a salir de la gran dificultad en que se encuentra; los cardenales y obispos satanizados por el libro saldrán fortalecidos de este torpe ataque. Y si los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo no tratan el tema de la homosexualidad, el encuentro a celebrarse entre el 21 y el 24 de este mes fracasará. Lo que sí puede considerarse una decepción desde este momento es el panfleto de Frédéric Martel.