No es normal - Corrispondenza romana
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No es normal

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(Pedro L. Llera, Infocatolica – 12 diciembre 2019) El cardenal Peter Turkson, de 71 años, dijo ayer a los periodistas que Greta Thunberg es “un gran testigo de lo que la Iglesia enseña sobre el cuidado del medio ambiente y el cuidado de la persona”. ¿Lo dice en serio, cardenal Turkson? Pues a mí no me parece normal…

Monseñor Sorondo había dicho que la peor dictadura del mundo, la que más pisotea los derechos humanos, la que más penas de muerte ejecuta al año, la que más abortos provoca, la más horrible que hay sobre la capa de la tierra, es donde mejor se aplica la doctrina social de la Iglesia. No es normal.

El arzobispo Vincenzo Paglia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, ha afirmado en nombre de la Iglesia Católica que cualquiera que diga que Judas Iscariote está en el infierno es un hereje.

Pues bien, el Catecismo del Concilio de Trento dice:


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[4] Por eso, sólo entran por la puerta de la Iglesia a estas elevadas funciones quienes abrazan este género de vida proponiéndose servir la honra de Dios. Pero entran a este ministerio por otra parte, como ladrones, no siendo llamados por la Iglesia, quienes se proponen un fin indigno, como su comodidad e interés, o el deseo de honores y la ambición de riquezas o de beneficios. Esos tales, que se apacientan a sí mismos y no a sus rebaños (Ez. 34 2 y 8.), son llamados mercenarios por nuestro Señor (Jn. 10 12.), y no sacarán del Sacerdocio sino lo que sacó Judas de su dignidad en el Apostolado, a saber, la eterna condenación.

El sacramento del orden. Catecismo de Trento.

¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será traicionado! Era mejor para él que ese hombre no hubiera nacido ” (Mt 26:24)


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“El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.” (Mateo 27: 5); es decir, Judas realizó un gesto de desesperación y luego se suicidó, lo cual es pecado mortal. Tal final era apropiado para el único seguidor cercano de Jesús caracterizado en los Evangelios como entregado al diablo: “Y Satanás entró en Judas, que se llamaba Iscariote, uno de los doce” (Lc 22: 3); “Y después del bocado, Satanás entró en él” (Jn 13:27).

Monseñor Paglia: lo suyo no es normal. Ni lo que dice de los suicidas ni lo que dice sobre Judas. No es normal. ¿Son herejes quienes participaron en el Concilio de Trento? Pues entonces también yo soy hereje.


El presidente de la Comisión de Matrimonio y Familia de la conferencia episcopal alemana declaró que los obispos estaban de acuerdo en que la homosexualidad es una «forma normal» de identidad sexual humana. «La preferencia sexual del hombre se expresa en la pubertad y asume una orientación hetero u homosexual», afirmó el arzobispo de Berlín, Heiner Koch, en un comunicado emitido por la conferencia episcopal. «Ambos pertenecen a las formas normales de predisposición sexual, que no pueden o deben cambiarse con la ayuda de una socialización específica».


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Llamando a una «discusión sólida apoyada por las ciencias humanas y la teología», el arzobispo Koch y el obispo Bode dijeron que Amoris Laetitia ya prevé notables «desarrollos» tanto de la doctrina como de la práctica de la Iglesia, y agregó que una relación sexual para parejas divorciadas y casadas después de Amoris Laetitia «ya no siempre debía calificarse como pecado grave », y esa «exclusión total de la recepción de la Eucaristía» de tales parejas ya no podía justificarse.

Las peticiones a una «reforma» van desde la bendición de las uniones homosexuales hasta la ordenación sacerdotal de las mujeres y, en el caso de al menos un grupo local, para la aprobación del aborto cuando «una mujer o una pareja decidieron seguir adelante».

El cardenal Zen acusa al Papa de impulsar un cisma en la Iglesia Católica China. No es normal que se traicione a los católicos fieles, a la Iglesia clandestina y mártir china, y se firmen acuerdos secretos con una dictadura como la China para someter a los fieles a la blasfema iglesia patriótica del Partido Comunista Chino. No es normal.


No son normales los escándalos de corrupción financiera protagonizados por el Vaticano. No es normal que el dinero del óbolo de San Pedro acabe financiando inversiones más que discutibles. Lo del Fondo Global Centurión no es normal.

La proliferación de casos de abusos sexuales, en su mayor parte homosexuales, por parte de sacerdotes, obispos y cardenales no es normal. No es normal que hombres que se consagran a Dios para llevar una vida santa acaben degradándose hasta extremos escandalosamente repugnantes. Y tampoco es normal que a muchos de estos depravados se les haya protegido o se les esté protegiendo. No es normal.

No es normal lo que está pasando en la Iglesia Católica: escándalos sexuales, escándalos financieros; se pisotea la doctrina; se desprecian las Sagradas Escrituras, la revelación y la Tradición; poco menos que se derogan los Mandamientos; se pisotea la liturgia, se desprecia a Jesús Sacramentado permitiendo que la sagrada comunión la dé y la reciba cualquiera y de cualquier manera. La confesión sacramental se desprecia y el pecado ha dejado de ser pecado. El infierno dicen que no existe y todos se salvan porque Dios es tan bueno que ya no hay pecados mortales ni necesidad de salvación ni de redención ni necesidad de arrepentimiento ni nada de nada. El sacrificio de Cristo en la cruz, su encarnación, su predicación, su pasión, su muerte… no tiene nada sentido. Al final, el catolicismo es una más de las religiones: solo una más. Todas valen lo mismo. “El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos”. Así, Jesús es solo un hombre ejemplar, un profeta más: uno más, como Mahoma, Buda, Confucio… Alguien que predicó la fraternidad universal y acabó asesinado por los poderosos de este mundo que se oponían a la revolución que proponía. Jesús es solo un hombre. Y nuestra religión es una más. Nada tiene de especial. El catolicismo es tan verdadero como el protestantismo, la Iglesia Ortodoxa, el Islam, el budismo o el animismo de la Pachamama.

Y mientras tanto, la mayoría de los obispos del mundo callan. Muchos obispos y sacerdotes no son verdaderos pastores: son mercenarios. No les preocupa la salvación de las almas de los fieles. Les preocupan sus cargos, sus carreras, su comodidad, su supervivencia… ¿Martirio o silencio? Silencio, silencio… 

Termino reproduciendo lo que dice Trento sobre los malos pastores:

IV. Quienes reciben las sagrados órdenes con mala disposición.

627. Porque antes de comenzar cualquier acción, importa mucho atender al fin que cada uno se propone, pues propuesto un buen fin, todo lo demás se sigue ordenadamente, he aquí lo que primero debe advertirse a los que aspiran a las sagradas órdenes: que no se propongan cosa indigna de tan excelente cargo. Con tanta mayor diligencia se debe tratarse esto, cuanto más gravemente suelen en estos tiempos pecar los fieles contra esta rectitud de intención. Porque unos se inclinan a este género de vida, para tener asegurado el sustento y vestido necesario, de suerte que no parece atienden a otra cosa en el Sacerdocio sino la ganancia, como se mira en el mundo cualquier oficio mecánico.

Aunque, según sentencia del Apóstol, ordena la naturaleza y ley divina: “Que quien sirve el altar, viva del altar”, es con todo sacrilegio gravísimo llegarse al altar para conseguir intereses y ganancias. A otros guía al orden Sacerdotal la ambición y apetito de honras. Otros quieren ordenarse para abundar en riquezas, de lo cual es prueba clara que, si no se les confiere algún beneficio pingüe de la Iglesia, ni se acuerdan siquiera de los sagrados órdenes. Estos son los que Nuestro Salvador llama mercenarios, de quienes decía Ezequiel, que se apacentaban a sí misinos, no a las ovejas, cuya vileza y perversidad no sólo obscurece el orden del Sacerdocio, tanto que vienen a ser el oprobio y desecho en el pueblo cristiano, sino que hace también que no consigan ellos mismos del Sacerdocio, sino lo que Judas de la dignidad del Apostolado, que fue su eterna perdición.

Solo, pues, de aquellos se dice con verdad que entran en la Iglesia por la puerta, que son llamados legítimamente por Dios, y reciben los cargos Eclesiásticos por la única causa de servir al honor de Dios. 

¿A cuántos de nuestros obispos les preocupa realmente servir al honor de Dios? ¿A cuántos sacerdotes? ¿Y qué decir de todos esos periodistas o comunicadores que se dedican siempe a adular a quienes mandan, a quienes tienen el poder de dar cargos, prebendas, honores y dinero? Vendéis a Cristo por un puñado de monedas. ¿Qué decir de los que ponen sus carreras, sus intereses personales, su seguridad económica o su prestigio profesional por encima de la verdad y del honor de Dios?

Nada es más importante que Dios. Aunque nos la juguemos. Aunque nos critiquen, nos insulten, nos desprestigien. Aunque nos echen de los trabajos. Aunque perdamos oportunidades. Aunque se rían de nosotros. Aunque nos humillen… Nada es más importante que la gloria de Dios. ¿De qué nos serviría ganar el mundo entero, si perdemos nuestra alma?

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

¡Ojalá Dios nos conceda la gracia del martirio! Quiero, con San Juan de la Cruz, cuya fiesta celebramos hoy, “padecer, Señor, y ser menospreciado por Vos”.

Que la hermana Isabel Sánchez Romero, mártir que prefirió morir antes que blasfemar contra Dios, interceda por nosotros.