Horror en Libia ¡Vuelve el Islam asesino!

(Magdi Cristiano Allam) ¡Islam asesino! Detrás de los ataques terroristas a las embajadas americanas de Bengasi y de El Cairo no hay una rama enloquecida, incluso enemiga del “verdadero Islam”, tal y como predican nuestros relativistas: desde Obama, que se ha enamorado del Corán y defiende a Mahoma, hasta Monti, que tiene la cartera que le late en lugar del corazón; desde esta Unión Europea que financia generosa y desquiciadamente a nuestros verdugos, de Marruecos a Siria, hasta aquella parte de la Iglesia que se ha encaprichado del diálogo por el diálogo, culminando en la legitimación del Islam que corresponde a la negación del cristianismo.

¡Pero ésta no es la verdad! ¡Abrid bien los ojos y mirad quiénes eran los que se amontonaban frente a las dos embajadas y que protegían las espaldas a los terroristas que han avanzado con bombas y cohetes! Eran hombres y mujeres, jóvenes, adultos y ancianos, personas aparentemente normales, como muchas otras. ¡Leed lo que estaba escrito en las pancartas y en los Coranes abiertos que agitaban! Nuestra condena a muerte por habernos atrevido a ofender a su profeta. ¡Escuchad bien las incitaciones contra Occidente proferidas en voz alta por los instigadores del odio que se mezclaban tranquilamente entre la muchedumbre!

¡No! ¡No se trata de una rama enloquecida! La verdad que está bajo nuestros ojos y que podemos escuchar con nuestros oídos es que este terrorismo islámico es la punta del iceberg de una realidad popular más amplia, difundida y arraigada que lo legitima, lo sostiene y lo financia. Y hoy, gracias al éxito de la así llamada “Primavera Árabe”, goza de un apoyo pleno y entusiasta de los regímenes islámicos en el poder, los cuales no han movido ni un solo dedo para impedir que se perpetraran los atentados. Las dos embajadas están situadas en zonas muy céntricas, desde siempre bajo el rígido control de las respectivas autoridades de seguridad nacional, las cuales, sin embargo, y quién sabe por qué, en esta circunstancia no han intervenido. Los terroristas han podido actuar sin obstáculos tanto en la fase de ataque como en la de saqueo de las embajadas, tanto cuando han quemado la bandera americana para sustituirla con una negra de Al Qaeda como cuando, finalmente, han ajusticiado al embajador Chris Stevens, un diplomático y dos marines.

La verdad es que “el verdadero Islam” del que están poseídos los musulmanes es una ideología que instiga al odio, a la violencia y a la muerte de los no musulmanes. La verdad es también que no podemos decir la verdad porque este Occidente envilecido, ignorante, cobarde y abocado al suicidio prefiere renegar de la verdad y renunciar a la libertad con tal de no molestar la sensibilidad de los islámicos y de no reconocer que la raíz del mal no era Bin Laden, sino el Corán y Mahoma a los que él obedecía ciegamente. Obama, a través de un comunicado de la embajada americana a El Cairo, ha llegado hasta el punto disculparse por la difusión del vídeo “La inocencia de los musulmanes”, producido en Estados Unidos, en el que se representa a Mahoma como un pedófilo. Pero ¿por qué no podemos decir que Mahoma fue un pedófilo cuando incluso su biografía oficial confirma que se casó con Aisha cuando ella tenía 6 años y la desvirgó cuando tenía 9? ¡Este es un hecho objetivo! ¿Por qué no podemos decir que Mahoma, como se lee siempre en su biografía oficial, fue un criminal, pues participó, en el 627, a las puertas de Medina, al degollamiento y decapitación de 800 judíos de la tribu de los Banu Qurayza? ¡Es un hecho objetivo!

¡Despertemos de una vez! ¡Rescatemos nuestro derecho y deber de utilizar la razón, de ser plenamente nosotros mismos en casa nuestra! Nos hemos equivocados completamente con los islámicos. Justamente en el undécimo aniversario del 11 de septiembre, los atentados de Bengasi y de El Cairo nos obligan a tocar con mano una verdad elemental: con los que tienen como únicos referentes ideológicos a Mahoma y el Corán, no será posible, de ninguna manera, alcanzar la paz. Como mucho, se puede aspirar a una tregua armada parecida a aquella estipulada por Mahoma a Hudaibiya, en el 628, con los enemigos mecanos y violada inmediatamente después cuando se invirtieron las relaciones de fuerza.

Bush y Blair cometieron un error colosal cuando imaginaron que, aliándose con los Hermanos Musulmanes, podrían dividir las formaciones radicales islámicas y derrotar a Al Qaida. Hoy, los Hermanos Musulmanes detentan el poder en toda la orilla meridional del Mediterráneo y se están propagando también en la oriental, mientras que Al Qaida controla unos territorios grandes como estados en Mali, Somalia, Nigeria y Yemen. Todo esto tenemos que agradecérselo a Obama y a los europeos que se han encaprichado de la así llamada “Primavera Árabe” y que siguen apoyando a los feroces enemigos de los judíos, de los cristianos, de Israel y de las mujeres. ¡Porque la verdad es que el Islam es incompatible con la democracia!

Libia tendría que estar muy agradecida a Estados Unidos que asumió la mayor carga de la guerra de “liberación” del odioso régimen dictatorial de Gaddafi. Justo en el día en el que, conmemorando el 11 de septiembre, Obama afirmaba que los Estados Unidos están en guerra sólo contra Al Qaida y no contra el Islam, la respuesta ha sido la masacre de los americanos. Probablemente la película “blasfema” o la confirmación de la eliminación del número dos de Al Qaida, Anas Al-Libi, sólo son pretextos. ¡Lo habrían hecho igualmente porque sólo de esta manera el Islam triunfará! ¡Despierta Occidente! ¡Basta ya de relativismo! ¡Basta ya de lo islámicamente correcto! ¡Basta ya del diálogo por el diálogo! ¡Paremos la invasión islámica antes de que sea demasiado tarde!

Traditiondigital – Traducido y publicado con autorización del original.

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